La pena se me está saliendo a gritos por los ojos,
ya no resiste los golpes de ocupación que le doy.
El vacío se llena de un recuerdo y los
anhelos de un cuerpo que nunca quiso ser mío.
La pena me deja sólo dormir a ratos,
cuando decide que está muy cansada
para seguir sintiendo.
La compañía me resulta marchita, irreal,
como si fuera algo que prontamente va a
desaparecer.
Como desapareció ella, como me borró a mi.
La pena no me está dejando vivir, los gritos que callo
cuando recorro la ciudad están cada vez más cerca
de huir.
De romper este encierro, de enlodar la memoria, de llenar
todo con rabia.
Pero se contiene, no sé cómo, pero se traga.
Y revuelve mis tripas, las destroza de dolor.
Y si antes era la ducha o mi cama, ahora las lagrimas caen
en cualquier lugar, ya perdieron la vergüenza, la pena se
las comió.
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